Crónicas Pajareras

Un día ordinario en un lugar extraordinario

Quiero comenzar diciendo que ésta no es una oficina común. Acto seguido, quiero decirles que sé lo que están pensando, “eso es lo que todo el mundo dice para hacer creer que son menos básicos de lo que realmente son”, pero no, si hay algo que caracteriza a esta agencia, es la sinceridad. Ahora, hablemos de cómo es un día ordinario en un lugar extraordinario.

Yo soy Manuela, soy copywriter en La Máquina de Hacer Pájaros (o bien, “La Máquina”, por su apócope cariñoso); y espero que ésta no sea la última vez que nos veamos de pantalla a cara. Mi misión es transportarlos a nuestra oficina y mostrarles todo lo que sucede tras bambalinas en una agencia de marketing digital.

Retomando lo que decía al principio, la verdad podría hacer una lista de las cosas que caracterizan a La Máquina; pero, como dicen en producción, no puedo tardar tres meses escribiendo un artículo. En fin, La Máquina es especial, La Máquina es el lugar para mostrar nuestros talentos, La Máquina es casa.

“eso es lo que todo el mundo dice para hacer creer que son menos básicos de lo que realmente son”

Claro que no todo es rosado y con flores, y menos si se nos acaba el café; y es que sí, pecamos por cumplir uno de los clichés más comunes de una oficina llena de millennials: el café es nuestra gasolina. No es algo de lo que estemos muy orgullosos; pero toda oficina necesita uno que otro conflicto para mantener el equilibrio del universo, y nosotros preferimos pelear por café antes de pelear por trabajo. Menos mal que Laly, nuestra administradora, cuida y vela por nosotros, y por eso no permite que empecemos la mañana con mal pie; ella siempre está preparada con el antídoto para nuestra pereza y humor de perros.

Todos contribuimos con la felicidad de todos, me atrevo a decir que los niveles de creatividad no sólo se ven plasmados en el trabajo que hacemos como agencia, sino también en las carcajadas diarias de cada uno de nosotros. Dicen que el tiempo vuela cuando uno se divierte, y, cada vez que estoy en la oficina, mi día transcurre en un abrir y cerrar de ojos.

Por lo general llego a la oficina a las 7:58 am, acomodo mis cosas y me sirvo del café que ya Laly preparó y me siento frente a mi computadora, no ha llegado casi nadie, siento que el internet viaja a la velocidad de la luz. Comienzo a cumplir con mi trabajo mientras van llegando los demás, comienzan con la misma rutina que yo; a medida que agarramos energía, nos empezamos a comunicar entre nosotros. Conversaciones en voz baja, primero, una que otra pregunta laboral entre community manager y diseñador, o entre community manager y brand manager, o entre Google y yo.

A medida que avanza la mañana, todos nos hacemos partícipes de las conversaciones de todos y, por supuesto, los temas dejan de limitarse al trabajo. Ahora sólo se escuchan comentarios sarcásticos, chistes de baja calidad e intervenciones no requeridas, pero bien apreciadas; entre risas flojas, reaparecen las preguntas laborales, para no perder la costumbre.

Y llega la hora del almuerzo. Con paso lento y movimientos de complicidad, todos nos acercamos a nuestro mesón de reuniones gastronómicas; cuales niños consultamos los almuerzos del resto, nos turnamos para usar el microondas y nos sentamos a comer todos juntos. Durante el almuerzo, más comentarios sarcásticos, más chistes de baja calidad y más intervenciones no requeridas, pero bien apreciadas; me permito agregar carcajadas esta vez, en lugar de sólo risas flojas.

Después de dejar el lugar en mejores condiciones de las que estaba cuando llegamos a él, volvemos a nuestra jornada de trabajo. Acá viene una parte interesante, y es que todas las tardes nos toca averiguar cuál de nosotros es el responsable de hacer el café para los demás; tras una danza de argumentos, encontramos al indicado y el reino de La Máquina vuelve a la paz. Luego de eso, adivinen: aun más comentarios sarcásticos, más chistes de baja calidad y más intervenciones no requeridas, pero bien apreciadas; esta vez, nuestras risas son tan estruendosas, que tenemos que mandarnos a callar los unos a los otros. Eso es, amigos míos, lo que yo llamo trabajo en equipo.

Así continúa nuestra tarde hasta que llega la hora de irnos, todos conscientes de que al día siguiente la programación será la misma, y todos conscientes de que así nos gusta trabajar. Cada cabecita funciona por sus propios méritos, pero sabemos que, en el momento en el que necesitemos ayuda para retomar los procesos creativos, un gran y sólido equipo nos está esperando con la mejor disposición.

Creo que una buena manera de conocer a alguien es a través de otra persona que lo quiere, y por eso me gustaría presentarles al equipo; cada uno es al menos cuatro veces más maravilloso de lo que unas pocas líneas nos permitieron plasmar.

Entonces ya lo saben, si quieren seguir al tanto de nuestras aventuras y desventuras, ¡no dejen de sintonizarnos a la misma hora y en el mismo canal los primeros lunes de cada mes!

Corten. Se queda.

1 Comment

  1. ¡Ains! se les recuerda con mucho cariño

Leave your comment

Please enter your name.
Please enter comment.
Ir Arriba